50 Aniversario de La Nogalera

Texto: José Luis Cabrera.
Fotografías: don Antonio Lamela, Inmobiliaria La Nogalera, S.A.,
Familia Osinalde.

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Publicidad de la Inmobiliaria La Nogalera, S.A.

En 2016 se cumple el 50º aniversario de la inauguración de la Urbanización La Nogalera, de Torremolinos, obra del promotor José Osinalde Peñagaricano, llevada a cabo por el insigne arquitecto Antonio Lamela. El proyecto, no obstante, es de 1963. Obtuvo Placa de Oro al Mérito Turístico en 1967.

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Inauguración oficial de La Nogalera en 1966, por el ministro Fraga Iribarne

La Nogalera fue el primer gran complejo turístico de la Costa del Sol, erigido sobre una superficie de 23.500 m2. Fue innovador dejar la planta baja como zona comercial y trasladar el jardín principal, piscinas, mini-golf y las entradas de los edificios a una primera planta; existiendo, además, una entreplanta técnica.

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Plano de La Nogalera, del libro “Lamela, urbanística y arquitectura 1954-1992” (1993).

Como explica el libro La Arquitectura del Sol, La Nogalera “ofrece al exterior una imagen limpia y rotunda, potenciada por las amplias fajas blancas de las terrazas, que contrastan con los revestimientos y carpinterías de madera”.

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Otros elementos de interés en el proyecto fueron la realización de un pequeño “pueblo andaluz” en el lateral, que había de servir de transición a la arquitectura tradicional del pueblo.

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Y también unos pasos peatonales en altura, de cemento visto, de estilo netamente “brutalista”, que luego se imitarían en varios hoteles: Las Vegas (Málaga), Don Carlos (Marbella), Cervantes (Torremolinos).

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Interior de uno de los apartamentos

Para el profesor José Miguel Morales, en El relax expandido, tanto La Nogalera como Playamar -urbanizaciones ambas de Lamela- introducen en la Costa del Sol las teorías del Movimiento Moderno .

7 Salsas: nueva hamburguesería chic en Torremolinos

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Calle Casablanca, 20. Torremolinos.
Texto y fotografías: Lutz Petry

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La oferta gastronómica de Torremolinos  se renueva lentamente con nuevos locales urbanos y juveniles que ofrecen platos desenfadados y actuales a precios razonables.

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7 Salas ha sido el último de los restaurantes “modernos” en incorporarse a una lista  corta pero recomendable en la que destacan nombres como “Calendula”, “Strazan 41” o “Mejor con Reserva”.

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La carta de 7 Salsas se distingue de otros burguers “fashion” por el toque brasileño del joven chef autodidacta Leandro Gomide, que introduce algunos cortes de carne típicos de Sudamérica -y poco conocidos en España- como la picaña.

WP_20160106_15_37_49_ProPero además de sus ricas hamburguesas, que rondan los 6 €  con guarnición, este coqueto local cuenta con un interiorismo acertado y actual en el que destacan diferentes elementos decorativos de inspiración vintage: Carteles de cine de peliculas de Serie B, posters pop o hasta una bicicleta antigua colgada en la pared dan un toque especial a un local urbano y cuidado hasta el mas mínimo detalle.También se sirven zumos naturales, batidos y copas en un ambiente amenizado por una excelente selección musical, algo difícil de encontrar en la provincia de Málaga.

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Synergia Business Center

Synergia Business Center.  Calle Playa Dorada, 18. Torremolinos.
Fotografías: José Luis Cabrera.

Visitamos Synergia Business Center, la oficina de “coworking” que nuestro amigo  Alberto Rojas ha fundado a la entrada de la urbanización Los Alamos.
Unas magníficas oficinas que han sido decoradas por Filippo y Omar de “Interni Esterni”.

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Salvemos Barrabino

Texto: José Luis Cabrera. Fotografías: Lutz Petry.

Las recientes elecciones municipales han dejado un interesante panorama aún por despejar. Y una realidad innegable: la mayoría de los torremolinenses ya no quiere a Pedro Fernández Montes como su alcalde. Su previsible marcha abre un panorama de alianzas y acuerdos que se dilucidará en los próximos días.

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Hay muchas cosas que hacer en Torremolinos -y que deshacer- pero pocas hay tan urgentes como el salvar la mansión de la familia Barrabino (o Barabino), en pleno corazón de la localidad.

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El PSOE lleva como uno de los puntos claves de su programa la recuperación de esta bella residencia: su compra, restauración y conversión en espacio cultural para disfrute de torremolinenses y visitantes. Es una idea que deben asumir TODOS los grupos municipales en cuanto se constituya la corporación. Y olvidar esos desdichados proyectos especulativos de don Pedro, y sus alusiones despectivas en los plenos afirmando que no era más que “una casa” y culpando a la oposición por haber promovido su protección.

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Mirar al futuro es honrar nuestro pasado. Y recordar que esta preciosa casa, construida en 1862, fue residencia de una familia que hizo importantes donaciones y obras benéficas a favor de los habitantes de Torremolinos.

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B6Esperemos que el nuevo Ayuntamiento devuelva la ilusión, el buen gusto y la creatividad a Torremolinos. Y que no olvide nuestros monumentos y edificios singulares: la casa de María Barrabino, el molino de la Bóveda, la villa Santa Teresa, el estilo de Montemar, el entorno de la torre de Pimentel. Y convertirlos en un complemento para nuestro turismo. ¡Tanto por hacer!

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Iglesia del Buen Consejo: conflicto artístico y teológico

Texto: José Luis Cabrera.
Imágenes: Torremolinos Chic,  Emilio Souto, El Observador.

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La iglesia en su estado original.

Asistimos con estupor a la reforma de la fachada de la iglesia Madre del Buen Consejo, en Torremolinos, decidida por el párroco y aprobada por el Ayuntamiento, sin consideración alguna al proyecto original de su arquitecto, don Juan Cachón, que en su día donó su trabajo desinteresadamente a Torremolinos.

Se han destrozado elementos que configuran la fachada: rompiendo su simetría al eliminar una de las dos arcadas gemelas y cegar la otra con una puerta.  Añadiendo además una vulgar hornacina de aluminio con tejas, ajena completamente al estilo de la iglesia.

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La iglesia tras la “reforma”. El arquitecto posa para denunciar el atropello.

La iglesia Madre del Buen Consejo fue construida entre 1971 y 1975, aunque el proyecto data de finales de los años sesenta. En agosto de 1974 el templo fue consagrado por el Obispo de Málaga, don Ramón Buxarrais, según informe la imprescindible web Aquel Torremolinos.

El templo es muy hermoso como puede apreciarse en estas imágenes, se ha definido como de estilo “mediterráneo”, aunque creo que es una definición algo simple. Podría englobarse dentro del llamado “estilo del relax”, y aunque guarda relación con otros proyectos que buscan actualizar la arquitectura tradicional (por ejemplo Pueblo Blanco, sin salir del municipio) tiene una audacia amable que lo acerca incluso a la arquitectura orgánica.

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Para entender lo que está sucediendo en la iglesia del Buen Consejo no basta quedarnos en varios hechos irrefutables: una reforma irrespetuosa y de mal gusto; la inexistencia de filtros y de un catálogo efectivo de elementos protegidos en el Ayuntamiento de Torremolinos; y el menosprecio a la arquitectura de los años sesenta y setenta. Hay una cuestión de mayor calado.

Entre 1962 y 1965, el Concilio Vaticano II pretendió la actualización de la Iglesia Católica. La aplicación de este concilio fue acelerada: se reformó la Liturgia eliminando la lengua latina y el canto gregoriano y simplificando los ritos. Se pretendió acercar la Iglesia al pueblo con nuevos lenguajes pastorales y estéticos, y se buscó una aproximación a las iglesias protestantes a través de un ecumenismo, si no dogmático, sí formal.

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Corpus Christi en calle San Miguel

La arquitectura religiosa tras el concilio busca plasmar una Iglesia abierta, luminosa y despojada. Se recurre a lo contemporáneo en la arquitectura y en la decoración.  Y se busca inspiración en formas anteriores al Concilio de Trento, en el románico, en las tallas medievales desprovistas de ropajes y joyas. Por contra se rechaza el barroquismo, se rehuye de filigranas y dorados que se identifican con esa iglesia “Ancien Regime” que se pretende superada.

La iglesia del Buen Consejo es buen ejemplo de esta renovación eclesial que, además, en nuestro país, coincidió con la transición política.

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A priori bienintencionado, el aggiornamento eclesial devino en la práctica, en no pocas diócesis, en una especie de “revolución cultural china” que permitió todo tipo de atropellos: destrucción de retablos, desencastrar altares para impedir la celebración “coram Deo”, quema de ornamentos, feísmo deliberado en las celebraciones, eliminación de comulgatorios para favorecer la comunión en la mano, persecución o menosprecio de la religiosidad popular y las prácticas tradicionales de piedad como el rosario y las novenas. Una especie de “despotismo ilustrado” eclesial aceptado con paciencia por los fieles.

Juan Pablo II entendió que la apertura excesiva no había producido el beneficio esperado. El rechazo a las devociones privadas, a las procesiones, a los monaguillos con su parafernalia de campanillas y roquetes cercenaba un semillero de vocaciones; y  urgía desempolvar la adoración eucarística, la devoción mariana, el uso de alzacuellos y hábitos, para ofrecer modelos identificables.

Desde entonces, quiéranlo o no, hay dos iglesias dentro de la Iglesia. Los anclados en el post-concilio como ruptura con lo anterior y la generación de sacerdotes formados a ejemplo de Juan Pablo II y Benedicto XVI, que incorporan no pocos elementos de la tradición.  Y esta tensión no es meramente estética, sino dogmática y teológica.

Benedicto XVI intentó sin éxito la sanación de esta ruptura mediante su magisterio y también alternando en la propia liturgia papal elementos de sus antecesores, inmediatos y remotos, como mensaje de continuidad y cohesión. Finalmente fue menospreciado por unos y otros, por un mundo zafio incapaz de entender que, precisamente a través de la tradición, Ratzinger era un Papa postmoderno.

Todo este preámbulo, aunque no lo parezca, viene al caso. Las diferentes sensibilidades dentro de la Iglesia están desfigurando no pocos templos porque el crecimiento orgánico ha dado paso a una evolución a base de saltos, titubeos, revueltas y retornos.

La comisión artística del Obispado de Málaga es un organismo inútil que solo se ocupa de la catedral y de tres o cuatro imágenes de primer orden, y los párrocos campan a sus anchas en sus parroquias, con frecuencia deshaciendo lo que hizo su antecesor.

Guiado de su buena voluntad, y del deseo de no ser un simple funcionario eclesial, el actual cura-párroco del Buen Consejo está reformando la iglesia en función de lo que él entiende por parroquia clásica, que inspire mayor devoción. Pero hay una falta de conocimiento  y aprecio del arte y la arquitectura contemporáneos. Y las formas desnudas y depuradas del templo se pretenden compensar a base de añadidos: tallas, escayolas y elementos en pan de oro.

Los elementos anteriores, sin embargo, se menosprecian y así los aparatos de aire acondicionado se han colocado tapando las vidrieras realizadas en su día por la artista pintora Roxolana Luczakowsky. Hay incapacidad para entender que en la abstracción de estas obras, para muchos simples manchas de color, hay un camino de profunda religiosidad. De una artista católico-practicante, que sufrió además la persecución soviética, y que está altamente valorada internacionalmente.

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Por contra, el templo se va nutriendo de elementos que en el contexto de una parroquia de los años cuarenta o cincuenta son deseables, pero que aquí desentonan con toda una vocación de modernidad. Y que acabarán convirtiendo la iglesia en un pastiche.

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De todos los anacronismos introducidos recientemente en el templo, quizás el monaguillo de escayola sea el más simpático y tolerable.

Este fenómeno de banalización de nuestras iglesias, se extiende por toda la diócesis y tiene muchos ejemplos. En la capilla del Hospital Noble, en Málaga, se destrozó toda su configuración neogótica para meter con calzador una cofradía. En la iglesia de San Patricio se ha destruido el presbiterio para satisfacer el gusto neocatecumenal del párroco, y así un largo etcétera.

La clave está en la formación. Y en un necesario “acto de contrición” de los párrocos para entender que no están para complacer su gusto ni su ideología. Cada templo (mozárabe, románico, renacentista, barroco o estilo bauhaus) nace conforme a un momento de la Historia en el que la Iglesia quiere poner el acento en alguna realidad. Y cada una de estas etapas merece respeto. Todo es susceptible de mejora, pero siempre con la adecuada asesoría e investigación.

Esperemos que la Iglesia Madre del Buen Consejo recupere pronto su fisonomía original. Ahora depende de su párroco y del Ayuntamiento de Torremolinos, que debe empezar a preocuparse por el patrimonio de todos.

Reforma del hotel Pez Espada

Texto: José Luis Cabrera.
Imágenes: Torremolinos Chic, Pardon my Crumbs.

El mítico hotel Pez Espada, obra de los arquitectos Manuel Muñoz Monasterio y Juan Jáuregui Briales, construido a instancias de dos jóvenes promotores inmobiliarios (Luis Mato y Alberto Alberola) fue construido en 1959  y albergó a monarcas, mandatarios, artistas y a lo más granado de la alta sociedad internacional durante varias décadas y fue emblema de la Costa del Sol y de un despegue turístico clave para el desarrollo de nuestro país.

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Desde hace varias semanas el hotel está cerrado por reformas -rehabilitación de fachada y de interiores- que cuentan con el beneplácito de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Por lo que esperamos que se trata de unas obras respetuosas con el carácter monumental del hotel, protegido como Bien de Interés Cultural, e inscrito en el registro “Docomomo” que cataloga las mejores obras del Movimiento Moderno en España.

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Desde hace varias décadas, las intervenciones en el hotel no suelen ser muy afortunadas. Evidentemente un hotel debe actualizarse, para ofrecer a sus clientes un servicio contemporáneo en confort y prestaciones. Sin embargo esto es compatible con el mantenimiento del estilo propio del hotel, de finales de los años cincuenta. Y la dirección del hotel debería procurar que todo el establecimiento, sus salones, restaurantes, habitaciones recuperaran una unidad estilística, a  la manera de hoteles históricos perfectamente conservados (o reformados conforme al estilo original) en Estados Unidos o en La Costa Azul francesa.

Por ejemplo, este es el restaurante del hotel Pez Espada, cuya decoración no “dialoga” en modo alguno con la arquitectura y decoración original del hotel:

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Ésta es, sin embargo, la decoración de uno de los restaurantes del hotel Avalon, en Beverly Hills, como ejemplo de decoración acertada para un hotel histórico del bien llamado “estilo del relax”:

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¿Cuándo veremos al hotel Pez Espada restaurado y decorado con buen gusto? estamos deseando que vuelva a convertirse en el estandarte del turismo de toda Andalucía.
Esperemos que la actual reforma lo acerque a ese ideal, y no a su paulatina conversión en uno de tantos hoteles en serie.

Pourquoi pas? bar: fin de una leyenda noctámbula

Texto : Lutz Petry.
Fotografías: Mayte Ducoup y Torremolinos Chic.

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Después de 46 años de noches alocadas e interminables, Mayte Docoup nos acaba de anunciar que abandona  Pourquoi pas?, una de las últimas barras legendarias de la night-life torremolinense.

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Esta jubilación, tan previsible como desconcertante, no significa, por el momento, el cierre del mítico bar, ya que seguirá funcionando con el mismo nombre bajo la dirección de los propietarios de la discoteca Parthenon.

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Inaugurado en 1968 por la germánica Frau Marion, este pequeño establecimiento situado en uno de los bajos comerciales de La Nogalera ha visto desfilar en su dilatada historia a un sinfín de extravagantes personajes noctámbulos europeos -alemanes, belgas, británicos, franceses e incluso algunos españoles- que se divertían y gozaban al calor de un Torremolinos tan libre como único.

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Turistas y viajeros, con ganas de algo más que sol y playa, que cambiaron para siempre el panorama de una Costa del Sol en continua expansión. Como la misma Mayte,  que visitó Torremolinos por primera vez, desde su Burdeos natal,  en 1968 para quedarse entre nosotros para siempre. Un día después de la inauguración del local comdandaria su estrecha barra de madera hasta nuestros días.

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Su simpatía y saber estar -siempre recibía a su selecta clientela con tres besos, -un ritual que aún conserva-, su estupenda decoración castellana-pop, su banda sonora entre moderna y kitsch,  sus incisivos  long-drinks – bien cargados de whisky y otros licores – y sus frutos secos un tanto manoseados pasaran definitivamente a la historia de un Torremolinos que languidece lentamente.

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En la noche del próximo 6 de enero de 2015, Mayte se despedirá de sus numerosos fans y amigos  en un largo brindis-homenaje  en el que todos elevaremos, por última vez, nuestras copas con una de las leyendas vivas de la noche torremolinense. A votre santé, Mayte.

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Acertada rehabilitación de la Casa de los Navajas

Lutz Petry

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Después de décadas de dejadez y abandono, el Ayuntamiento de Torremolinos por fin  ha logrado finalizar la rehabilitación la Casa de los Navajas, uno de los escasos edificios de los años veinte del pasado siglo que siguen en pie en la localidad.

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Declarado de interés histórico por la Junta de Andalucía en 1991, esta singular villa veraniega construida en 1925 por orden de Antonio Navaja -empresario de Churriana que hizo fortuna con el cultivo y la comercialización de la caña de azúcar- debe su singular estética al estilo Neomudéjar,  muy en boga en la España de finales del  siglo XIX y principios del XX.

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Este movimiento arquitectónico y artístico dejó huella en la provincia de Málaga, donde aún se conservan la antigua Casa de Correos y actual sede del Rectorado de la Universidad de Málaga (Teodoro Anasagasti, 1923) , el mercado de Salamanca,  (Daniel Rubio, 1925) o, con ciertas singularidades,  El Castillo Bil-Bil (Enrique Atencia, 1927) entre otros inmuebles.
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La rehabilitación de este pequeño palacete, que fue construido sobre un espacio virgen e idílico con vistas al mar y a la montaña -panorama radicalmente opuesto al caos urbanístico que  reina en el  Torremolinos actual- ha sido, por una vez y con ciertos matices, acertada y respetuosa .
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La fachada, cubiertas, miradores,  la carpintería y los exteriores de “Villa Pepa” -nombre original de la residencia- han sido restaurados detalladamente; el jardín, aunque un poco anodino, ha conservado su espacio original.
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El interior, en cambio, es algo más desconcertante. Sorprende encontrar restos de la decoración original solamente en el zaguán. Ni rastro de los suelos primitivos, sustituidos por un anacrónico mármol blanco pulimentado (¿no había ningún suelo original que se pudiera recuperar?, ¿o haber recurrido a una buena reedición de losetas hidráulicas?);  los dos salones principales -con techos falsos, decorados en parte con el estilo  singular y característico de “Don Pedro”- desentonan, lamentablemente, en el conjunto de una rehabilitación loable; aunque son correctas las lámparas y algunos muebles de marquetería. El muro situado en el acceso de entrada  por calle Las Mercedes impide parcialmente la visión panorámica del edificio.
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Un museo inolvidable

Miguel Ángel Bustamante

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La grandilocuencia tiene un precio, lo mismo que las catetadas, y pobre del pueblo a cuyos dirigentes les da por aunar ambas. Lo sufrirán los ojos de los viandantes ante la visión de esos monstruos y lo pagarán los contribuyentes, vía presupuestos municipales, of course.

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Todo alcalde de pro que se precie debe de tener en su haber la aniquilación de una plaza singular de su localidad. Pero como la postmodernidad se hospedó en Torremolinos, el actual e ínclito alcalde no se conformó con ” hormigonear ” y cuajar de granito el recoleto espacio a los pies de la iglesia de Madre del Buen Consejo. El afán faraónico se remató con el superlativo y descabellado proyecto del museo de la ciudad. Y ahí que se elevó este mastodonte de cemento, con ínfulas y a lo loco, usando un concepto rayano en ciertas formas racionalistas aparentes, más bien tomadas como un trampantojo tan esteticista como vacuo y recordando, en cierta forma, a algunos ejemplos constructivos usados por el Banco de España en provincias.

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La crisis puso un mojón en cada ciudad y pueblo, que en el caso de Torremolinos  fue este inconcluso museo, rodeado de vallas, abandonado en su fea soledad, anclado como un naufragio estéril y tomado ahora como una suculenta caseta de perro.  Su inutilidad es conceptual y ontológica, puesto que el verdadero museo torremolinense está en sus calles, edificios, rótulos, rincones y demás vestigios urbanos, o al menos, lo que queda de ellos. Aunque todavía hay posibilidad de redención y abrir este paquidermo tal y como está, y convertirlo en museo de la política azul de la ciudad desde hace 20 años, con vacías salas dedicadas a la avaricia, la destrucción absurda y la inanidad. Un horizonte despejado hacia la nada.

Hard Contract

José Luis Cabrera

Con el otoño en ciernes, es tiempo de largometrajes y salas de cine, si pudiera hacerse en el municipio de Torremolinos. Muchos añoran aquellos cines de Torremolinos en los que incluso se podía beber una copa. Causa gran tristeza ver la ruina del antiguo cine Carihuela, junto a la urbanización Carihuela Palace. Un edificio en el mejor “estilo del relax” que unas autoridades menos zafias podrían intentar rescatar.

carihuelaEl objetivo no es competir con las salas de los centros comerciales, sino de tener un espacio dedicado al cine de autor, al cine independiente, a reposiciones, gestionado de una forma contemporánea. Recientemente el director de cine Ventura Pons ha recuperado los cines Texas en Barcelona con un enfoque similar.

Hemos adquirido, ya que hablamos de cine, una colección de fotografías originales del rodaje de la película Hard Contract del director de S. Lee Pogostin, y que se estrenó en España con el nombre de Antes amar… después matar. Este largometraje policíaco se rodó, como pueden ver en las imágenes, en Torremolinos en el año 1969.

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Lee Remmick y Lilli Palmer ante el hotel Pez Espada.
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Lilli Palmer y Lee Remmick.
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James Coburn y Lee Remmick en la playa de Torremolinos.
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La Costa del Sol inmortalizada en la película.
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Escena en la cuesta que baja a la playa de El Bajondillo.
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La bella Lee Remmick y Patrick Magee.

La recuperación de un mito es posible